lunes, 21 de marzo de 2016

La lectura en voz alta [Salud bucal infantil]

A la mayoría de padres y madres les gusta leerles cuentos a sus hijos/as antes de irse a la cama. Es una buena rutina que suele agradar tanto a los adultos como a los más pequeños. Desde bien pequeño, Carlos veía como sus padres le contaban cuentos y le leían historias muy diversas antes de irse a la cama. Para cuando Carlos empezó a aprender a leer en la escuela, sus padres decidieron que era hora de que leyese él mismo el cuento antes de irse a dormir. Aunque le dijeron que empezarían poco a poco, Carlos estaba muy nervioso, no sabía si lo haría bien o al contrario, si no sería lo suyo esto de leer.

Que los padres y madres lean en voz alta con sus hijos/as aporta un montón de beneficios. Gracias a los tonos de voz, conseguían captar la atención de su hijo y así mejoraban su capacidad de concentración. Lograban que entendiese lo que estaba leyendo, que viera que todo tenía un sentido, a la vez que potenciaban su creatividad.

Al principio Carlos solo leía una frase, pero a medida que avanzaba con la lectura en la escuela, sus padres le animaban a que leyese un poco más. Pasado un tiempo, los padres notaron que algo no iba bien: al principio lo consideraron el típico problema de inicio de lectura, pero con el paso del tiempo se dieron cuenta de que no mejoraba. Carlos, al leer, se trababa con las palabras; había algunas en concreto en las que se paraba y que no era capaz de leer del tirón. En definitiva, Carlos tartamudeaba. Sus padres estaban convencidos de que podían ayudar a su hijo, ya que la tartamudez no pasaba por sí sola. Decidieron aprovechar los momentos de la lectura antes de ir a la cama para tratar el problema y que este no fuera a más. Mientras él leía, sin que lo viera, su madre hacia una lista con todas aquellas palabras que Carlos se atascaba al leer. Normalmente solían ser las mismas o con un sonido parecido. Para no ponerle presión y que el niño no le cogiera manía a la lectura, cuando se atascaba no le presionaban ni le hacían gestos de que se diera prisa. Le dejaban que se tomara su tiempo para terminar la frase y no la terminaban por él. No le corregían enseguida, sino que dejaban que él mismo avanzara. Si les miraba con súplica, en ese momento sí le ayudaban a hacer el sonido de la palabra, pero solo si el niño lo pedía.

Una vez terminaban el cuento, le enseñaban qué palabras no había dicho bien y le hacían repetirlas. Cuando las decía bien, buscaban la frase y le hacían leer con calma y tranquilidad. No se puede perder los nervios o enfadarse con el niño, se debe tener mucha paciencia.

Carlos vio que no pasaba nada si no sabía leer alguna palabra, sus padres le ayudaban y al final conseguía decirlas bien. Ir leyendo en voz alta no solo le ayudó con la tartamudez, que al fin dejó atrás cuando se aproximó a la madurez, sino que le ayudó a ganar confianza en sí mismo y a no tener miedo a hablar en público. Todo ello fue posible sobre todo gracias a la ayuda y la paciencia de sus padres. Sin ellos no lo habría conseguido.