martes, 26 de abril de 2016

Aprender imitando [Salud bucal infantil]


Cuando un niño/a llega a los 2-3 años de vida, descubre un nuevo juego que le gusta mucho. Este juego tan fascinante parece difícil, pero no hay reto que se le resista. Seguro que ya os estáis imaginando qué juego es este; sí, es el juego de la imitación, y a lo mejor, incluso nosotros mismos podemos recordar como jugábamos a él.

A partir de los 3 años de vida, el niño/a mitifica a sus padres. Los considera omnipotentes, cree que nunca les va a pasar nada y que son capaces de conseguirle todo lo que quiera y les pida. Somos muchos los padres y madres que hacemos lo que no está escrito por cumplir los deseos de nuestros pequeños y acudir en su ayuda enseguida, por lo tanto, es normal que para ellos seamos unos superhéroes.

Esta actitud tanto en padres y madres como en los hijos/as es normal. Para ellos, al fin y al cabo, somos un modelo a seguir con el que se van a identificar cuando sean adultos. No obstante, este hecho, que nos puede parecer muy bonito, tiene un pequeño inconveniente a tener en cuenta. Si nuestro hijo/a nos imita cada gesto y acción, también imitará lo que decimos; por lo tanto, no es recomendable usar según qué palabras o expresiones delante del pequeño, ya que este las reproducirá en otro contexto que no será el adecuado y nos puede traer algún que otro problema. Teniendo claro este pequeño detalle o norma del juego, vamos a empezar a aprender a jugar imitando.

Para poder jugar, aparte de respetar la norma que hemos impuesto, hace falta muchísima paciencia. Sabemos que las ganas de reñir al niño/a porque lo hace mal son muy grandes, pero si conseguimos contenernos y ser pacientes, tendremos mucho ganado.

El momento en el que vemos que el niño quiere imitarnos es perfecto para empezar el juego. Esa actitud predispuesta del pequeño por aprender nos facilitará las cosas y nos permitirá enseñarle fácilmente actitudes útiles, como son por ejemplo los hábitos y tareas del hogar.

Si empezamos con las tareas del hogar, no consiste en que el niño/a limpie la casa, sino en que imite nuestros movimientos. Sabemos que levantará más polvo que otra cosa y que lo que se dice dejarlo limpio no lo dejará; pero aunque lo haga mal, debemos repetírselo con calma hasta que lo haga bien y, una vez lo consiga, felicitarle, pero en ningún caso reñirle o gritarle por no conseguirlo a la primera.

Mientras jugamos, debemos de tener muy presente que para el pequeño/a es un juego y tiene que ver como nosotros también nos lo pasamos bien y jugamos con él.

Si aprovechamos este momento, le podemos enseñar al niño/a a realizar sus rutinas y a ser responsable y constante.

¿Os atrevéis a jugar con vuestros hijos?