martes, 19 de abril de 2016

Comer frutas en invierno no tiene por qué ser un infierno [Salud bucal infantil]


El invierno es una de esas épocas en las que nos apetecería meternos en un crisol imaginario y quedarnos durmiendo hasta que el hada-primavera o el príncipe-verano nos despierte. La misma naturaleza se vuelve más austera, más gris, más tranquila. Es el momento de vivir instantes relajados. Pero ¿alguien que vive con niños sabe lo que es vivir de forma relajada?

Los cambios en la alimentación son importantes, dependiendo de una época a otra. El colorido y la explosión del verano dejan paso a la sobriedad del invierno. Así es como también se manifiesta en la naturaleza, sobre todo para aquellos que podemos disfrutar de productos frescos criados en las cercanas y fructíferas huertas.

Si nos centramos en las frutas, y gracias a la influencia del sol, la primavera y el verano nos ofrecen un abanico exquisito tanto en sabor como en color y variedad. Las sandías, melones, melocotones, cerezas o fresas llenan de alegría nuestros postres y meriendas, haciendo que los niños se lancen a la aventura de tomarlas sin demasiada insistencia. Su sabor dulce y jugoso resulta ideal para los cálidos días veraniegos. Pero ¿qué pasa en invierno?

Las frutas que nos ofrecen los meses de frío suelen resultar bastante aburridas, especialmente para los niños. Plátanos, naranjas, mandarinas, peras y manzanas se amontonan en nuestros fruteros sin demasiado éxito. Pero esto no tiene que suponer un impedimento para que comamos fruta, sobre todo porque, precisamente en esta época, las vitaminas que nos ofrece pueden resultar perfectas para fortalecer el sistema inmunológico creando una barrera frente a los temidos resfriados.

Pero entonces, ¿qué podemos hacer para que resulten más atractivas a los niños?

  • Una buena presentación suele ser la puerta de un éxito asegurado. Algo que entre por la vista y resulte atractivo es fundamental para que apetezca mucho más llevárselo a la boca. De esta forma podemos presentar un plato adornado con trocitos de fruta pequeños, ir combinándolos por colores o formar figuras con trozos variados.
  • Si lo que queremos es ofrecerles una fruta solamente, podemos coger una manzana por ejemplo y esculpirla de tal modo que parezca un muñequito: unos ojos, una boca, un hocico… También cortarla en forma de flor, de casa o de nave espacial. Con un poquito de paciencia y algo de imaginación, podemos conseguir que los peques se coman sin rechistar la deliciosa y muy necesaria fruta de invierno.
  • Otra idea que siempre resulta y que viene a ser la más utilizada por los padres desesperados son los zumos, batidos y purés. Al igual que suele suceder con las verduras, tan odiadas por los niños, un truco excelente es hacérselas desaparecer. Para los más reticentes, le podemos añadir un poco de leche, un yogur o unos trocitos de galleta o muesli.

Seguro que a ti se te ocurren muchas más ideas para que los niños disfruten de la fruta, también en los meses de frío.